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Adicción a los videojuegos: ¿pasión intensa o pérdida de control?

Adikto 336 août 202611 min de lecture

Jeune homme blond à la barbe rousse, casque audio sur les oreilles et hoodie noir, assis dans un home studio sombre éclairé en bleu. Il tient une manette de jeu argentée et se couvre le visage de la main, signe d'épuisement et de frustration après une longue session de jeu nocturne.

Jugar mucho no significa automáticamente ser dependiente. Una velada prolongada, un fin de semana dedicado a un estreno o una fuerte implicación en una comunidad de jugadores pueden formar parte de una pasión sin que exista un trastorno.

La mayoría de las personas que juegan a videojuegos no presentan ninguna adicción. La verdadera pregunta no es solo: «¿Cuántas horas juego?». Es más bien: «¿Qué me cuesta el juego y sigo pudiendo elegir cuándo empiezo, cuándo paro y el lugar que le doy?».

El sueño, la escuela, el trabajo, las relaciones, la salud y los intentos de reducir suelen ofrecer referencias más fiables que el tiempo frente a la pantalla. Una pasión sigue siendo una pasión mientras conserve su lugar entre las demás dimensiones de la vida. El problema empieza cuando el juego se vuelve prioritario, difícil de controlar y continúa a pesar de consecuencias ya visibles.

Los videojuegos: una práctica masiva y, casi siempre, sin problema

Los videojuegos son ahora uno de los pasatiempos más extendidos. Según los datos citados por el seguro médico francés (Assurance Maladie), el 70% de los franceses ha jugado a un videojuego en los últimos seis meses.

Esta práctica tan común invita a evitar dos errores opuestos. El primero consiste en pensar que jugar mucho es forzosamente señal de adicción a los videojuegos. El segundo sería pensar que un problema nunca puede existir porque el juego se ha vuelto algo habitual.

La Organización Mundial de la Salud recuerda que el trastorno por videojuegos afecta solo a una pequeña parte de las personas que juegan. El seguro médico francés estima que, de media, alrededor del 3% de los franceses presenta riesgo de adicción a los videojuegos. Esta cifra no significa que el 3% de los jugadores haya recibido un diagnóstico: describe a una población en riesgo, a partir de señales como la pérdida de control y la continuación a pesar de las consecuencias.

El uso intensivo también es más frecuente entre los jóvenes. Según el Barómetro MILDECA/Harris Interactive 2024, el uso diario intensivo de videojuegos y contenidos de vídeo, definido en este estudio como más de cuatro horas al día, es dos veces más frecuente entre los 15-24 años que en los demás grupos de edad.

Esta referencia describe una tendencia generacional. No constituye un umbral diagnóstico. Una persona puede jugar mucho tiempo sin que su equilibrio de vida se vea afectado, mientras que otra puede encontrar dificultades reales con menos tiempo de juego.

Pasión intensa o adicción a los videojuegos: ¿dónde está el límite?

La OMS reconoce el trastorno por videojuegos en la CIE-11. Su definición se apoya en tres grandes referencias: la pérdida de control, la prioridad dada al juego y la continuación a pesar de las consecuencias perjudiciales.

La pérdida de control

La persona ya no consigue decidir fácilmente cuándo juega, cuánto tiempo juega o cuándo se detiene.

Puede prever una partida corta y continuar durante varias horas. Puede decidir hacer una pausa y luego retomar antes de lo previsto. Los intentos de reducir se repiten sin mantenerse en el tiempo.

Esta dificultad no debe confundirse con una simple falta de organización puntual. Se vuelve preocupante cuando se repite y cuando la persona siente que ya no elige realmente.

El juego se vuelve prioritario

El juego va ocupando progresivamente el lugar de otros centros de interés u obligaciones.

Las comidas se retrasan, el sueño se acorta, las salidas se anulan. El trabajo escolar, profesional o doméstico pasa después de la partida en curso. Los intercambios con los seres queridos se vuelven menos frecuentes o giran principalmente en torno al juego.

Una pasión fuerte puede ocupar mucho tiempo sin borrar todo lo demás. En una práctica problemática, el juego tiende en cambio a convertirse en la actividad dominante, a veces la única fuente de satisfacción esperada.

La práctica continúa a pesar de sus consecuencias

La persona continúa o aumenta su tiempo de juego aunque las repercusiones ya sean visibles: fatiga, retrasos, notas en baja, conflictos familiares, aislamiento, dolores físicos o dificultades económicas.

Puede reconocer que el juego le causa problemas y, al mismo tiempo, tener una gran dificultad para cambiar. A veces el placer ya ni siquiera está en primer plano. La práctica continúa porque parece necesaria para soportar el aburrimiento, la ansiedad o los pensamientos negativos.

Para que se realice un diagnóstico clínico, la OMS indica que estos signos deben ser lo bastante marcados como para alterar de forma no despreciable la vida personal, familiar, social, escolar o profesional. Suelen manifestarse con claridad durante al menos doce meses.

Un fin de semana muy intenso, un periodo de vacaciones o el estreno excepcional de un juego no bastan, por tanto, para concluir un trastorno.

Para recordarEl número de horas no basta para definir una adicción. Una pasión sigue siendo compatible con una vida equilibrada. La señal de alerta aparece cuando el juego se convierte en una necesidad, se antepone de forma duradera al resto y sigue siendo difícil de limitar a pesar de sus consecuencias.

Las señales que deben alertar

Las señales de una adicción a los videojuegos no siempre aparecen como una ruptura brusca. Pueden instalarse progresivamente.

El juego se convierte en un refugio obligado

Jugar puede ayudar a relajarse, a reencontrarse con amigos o a atravesar un periodo estresante. Eso no constituye en sí un problema.

La situación merece más atención cuando el juego se convierte en el único medio disponible para regular el estado de ánimo, evitar pensamientos difíciles o soportar un día difícil.

La persona puede sentir que solo está bien cuando juega. Las demás actividades aportan menos placer. Con el tiempo, puede buscar aumentar la duración o la intensidad de las sesiones para conseguir el mismo alivio.

No poder jugar provoca malestar

El seguro médico francés describe la posible aparición de un malestar psicológico cuando la persona no puede jugar.

Puede manifestarse con irritabilidad, ansiedad, agitación, problemas de sueño o un estado de ánimo muy degradado. No se trata simplemente de estar decepcionado porque se haya cancelado una partida. El malestar se vuelve importante y altera el funcionamiento diario.

Esta señal debe considerarse con prudencia. Una irritabilidad aislada no permite concluir una dependencia. Es su intensidad, su repetición y su asociación con otras dificultades lo que cuenta.

La repercusión se vuelve concreta

El sueño suele ser uno de los primeros ámbitos afectados. Los horarios se desplazan, las noches se acortan y la fatiga se instala.

En la escuela o en el trabajo, la concentración puede disminuir. Hay deberes sin hacer, aparecen ausencias o bajan los resultados. En la vida social, las relaciones pueden reducirse a los contactos en línea, mientras se abandonan las actividades habituales.

La salud física también puede verse afectada: sequedad ocular, dolores relacionados con la postura, falta de actividad, aumento de peso o deterioro del sueño.

Los gastos repetidos en juegos, expansiones o compras integradas también pueden crear tensiones. Deben observarse sin sacar conclusiones precipitadas, pero se vuelven preocupantes cuando resultan difíciles de controlar o desestabilizan el presupuesto.

Punto de vigilanciaLa repercusión sobre el sueño, la escuela, el trabajo o las relaciones es una mejor referencia que el número de horas de juego. Cuando varios ámbitos se ven afectados de forma repetida y los intentos de reducir fracasan, resulta útil hacer balance con un profesional.

Los intentos de reducir fracasan

La persona decide jugar menos, fija reglas o desinstala un juego, y luego retoma rápidamente. La vuelta al juego puede ir acompañada de un aumento del tiempo dedicado.

Este ciclo no demuestra por sí solo una adicción, pero constituye una referencia importante cuando se repite.

El seguro médico francés describe un perfil medio de persona en riesgo correspondiente a un hombre de unos 31 años sin empleo. Esta media estadística no debe convertirse nunca en un «perfil tipo». El trastorno por videojuegos puede afectar a personas de edades, situaciones y trayectorias muy diferentes.

Para los padres: cómo reaccionar sin conflicto ni pánico

Cuando un adolescente juega mucho, la primera reacción suele ser contar las horas o amenazar con quitar todas las pantallas. Este enfoque puede reforzar el conflicto sin permitir entender la situación.

Es más útil observar qué cambia realmente el juego.

¿El sueño sigue siendo suficiente? ¿Evolucionan los resultados escolares? ¿El adolescente sigue viendo a sus amigos, participa en la vida familiar y conserva otros centros de interés? ¿Puede interrumpir una partida para una obligación prevista? ¿Se discuten los límites o resultan sistemáticamente imposibles de mantener?

Una práctica intensiva durante las vacaciones o en torno a un juego nuevo puede seguir siendo temporal y sin consecuencias duraderas. Se vuelve más preocupante cuando el juego invade de forma repetida la escuela, las relaciones, el sueño o la salud.

El diálogo gana cuando parte de observaciones concretas en lugar de etiquetas.

Decir «me doy cuenta de que duermes menos y de que ya no consigues levantarte» abre más la conversación que «eres adicto». Es posible fijar límites claros y coherentes reconociendo al mismo tiempo lo que el juego aporta: placer, reto, vínculo social, sensación de competencia o espacio de respiración.

Las alternativas son más fáciles de aceptar cuando no se presentan como castigos. La actividad física, las salidas, los proyectos compartidos o el tiempo con los seres queridos pueden ayudar a reequilibrar el día a día, sin intentar eliminar bruscamente una práctica que a veces cumple una función emocional importante.

Cuando los conflictos duran, cuando los límites fracasan o cuando el juego afecta fuertemente a la vida familiar, escolar o social, un consejo profesional puede ayudar.

Cuándo y cómo pedir ayuda

No es necesario reconocerse como «adicto» para consultar. Se puede pedir consejo en cuanto el juego pesa, cuando los intentos de reducir fracasan o cuando un ser querido ya no sabe cómo reaccionar.

Un médico de cabecera puede realizar una primera evaluación y orientar hacia un profesional adecuado. Un especialista en adicciones, un psicólogo o un servicio especializado en adicciones también puede acompañar a la persona afectada y a su familia.

La evaluación abarca el conjunto de la situación: lugar del juego, sueño, estado de ánimo, relaciones, estudios o trabajo, salud física y posibles otras dificultades.

Según el seguro médico francés, las adicciones comportamentales coexisten con frecuencia con trastornos de ansiedad, trastornos del estado de ánimo, TDAH u otras adicciones. Esto no significa que toda persona que juega mucho presente otro trastorno. Esta observación muestra sobre todo el interés de una evaluación global, en lugar de actuar únicamente sobre el tiempo de pantalla.

Recurso útilLa adicción a los videojuegos es una adicción comportamental reconocida como enfermedad (OMS, CIE-11; seguro médico francés). Se puede consultar en cuanto existe una duda, sin ser «adicto»: médico de cabecera, especialista en adicciones o servicio especializado.

El acompañamiento puede realizarse de forma ambulatoria, sin hospitalización. El objetivo no es siempre dejar por completo los videojuegos. Puede tratarse de recuperar el control, reequilibrar las actividades, trabajar el sueño o entender qué alivia el juego.

Una interrupción brusca impuesta no siempre es adecuada, especialmente cuando el juego se ha convertido en un regulador del estado de ánimo. Un acompañamiento puede ayudar a construir cambios progresivos y realistas. También puedes explorar lo que dice este artículo sobre los mecanismos de enganche a las pantallas para entender mejor lo que está en juego.

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Preguntas frecuentes sobre la adicción a los videojuegos

¿A partir de cuántas horas de juego se habla de adicción?

No existe un umbral horario que, por sí solo, permita diagnosticar una adicción a los videojuegos. Las principales referencias son la pérdida de control, la prioridad dada al juego y la continuación a pesar de las consecuencias sobre el sueño, las relaciones, los estudios, el trabajo o la salud.

¿El trastorno por videojuegos está reconocido como una enfermedad?

Sí. La Organización Mundial de la Salud incluyó el trastorno por videojuegos en la CIE-11, en vigor desde 2022. En Francia, el seguro médico también presenta la adicción a los videojuegos como una adicción comportamental reconocida. El diagnóstico requiere, no obstante, una evaluación profesional.

Mi hijo adolescente juega mucho: ¿es preocupante?

No necesariamente. Una práctica intensiva puede seguir siendo compatible con una vida equilibrada. Es más útil observar el sueño, la escuela, las relaciones, las demás actividades y la capacidad de respetar límites. Si el juego invade de forma duradera estos ámbitos, un consejo profesional puede ayudar.

¿Se puede ser dependiente de los videojuegos sin jugar todos los días?

Sí, la frecuencia no basta para definir el trastorno. Una práctica puede ser problemática cuando se vuelve difícil de controlar, se antepone a las demás actividades y continúa a pesar de consecuencias importantes. A la inversa, jugar a diario no significa automáticamente que exista una adicción.

¿Puede un especialista en adicciones ayudar con los videojuegos?

Sí. Las adicciones comportamentales forman parte del ámbito de la adictología. El acompañamiento puede ayudar a entender la función del juego, recuperar el control y trabajar sus consecuencias. Se adapta a cada situación y puede ofrecerse de forma ambulatoria.