Pregabalina: cuando un medicamento recetado genera dependencia

Te la recetaron para un dolor que no se iba, para una ansiedad abrumadora, a veces para la epilepsia. Al principio, la pregabalina alivió. Luego, un día te sorprendes vigilando la hora de la toma, pidiendo una receta antes de lo previsto o temiendo quedarte sin ella. Este deslizamiento es más frecuente de lo que se cree y no es ninguna debilidad: forma parte de los riesgos conocidos de este medicamento.
¿Qué es la pregabalina?
La pregabalina es un medicamento que se usa, según la indicación, en los dolores neuropáticos (dolores por afectación de los nervios), en ciertas formas de epilepsia combinada con otros tratamientos y, según el país, en la ansiedad generalizada. Actúa sobre el sistema nervioso reduciendo la excitabilidad de algunas neuronas. Se comercializa con varios nombres, entre ellos Lyrica, y también como genérico.
Tomada como se prescribe, con seguimiento médico, ayuda a muchas personas. No es «mala» en sí misma: lo que plantea dudas es cómo puede usarse, a veces fuera de sus indicaciones.
¿Por qué se habla de dependencia?
Las autoridades sanitarias de Europa y de Francia, entre ellas la ANSM, han alertado sobre los riesgos de abuso, uso indebido y dependencia asociados a la pregabalina, lo que llevó a un control más estricto de su prescripción. Estas señales las siguen los centros franceses de evaluación e información sobre farmacodependencia (CEIP-A), que recogen los casos notificados.
En algunas personas, la pregabalina produce, además del efecto esperado, una sensación de relajación, calma, a veces una leve euforia. Ese efecto puede empujar a volver a tomarla, a aumentar la cantidad o a buscarla por sí misma. Varias situaciones favorecen el deslizamiento:
- un pasado de adicción al alcohol, a los opioides, a las benzodiazepinas o a otras sustancias;
- un malestar psíquico (ansiedad, depresión, insomnio) que el medicamento calma sin que se trate el origen;
- un dolor crónico que sigue mal aliviado;
- un uso desviado, sin receta, en fiestas o para «aguantar».
Este mecanismo se parece al descrito para otros tratamientos: nuestros artículos sobre benzodiazepinas y somníferos y sobre tramadol y codeína muestran cómo una receta puede, sin que nadie lo quiera, abrir la puerta a una dependencia.
Señales que deben alertar
No permiten hacer un diagnóstico, pero conviene hablarlas:
- tomar más de lo prescrito, o con más frecuencia;
- pedir renovaciones anticipadas, o buscar el medicamento en otro sitio;
- tener miedo a quedarse sin ella, pensar mucho en ello;
- sentir malestar (ansiedad, agitación, insomnio, sudores) cuando se retrasa una toma;
- buscar el efecto de relajación más que el alivio del dolor;
- estar somnoliento, lento, confuso, o tener lagunas de memoria;
- continuar pese a las consecuencias: caídas, accidentes, tensiones con los allegados, trabajo afectado.
Las mezclas: el verdadero peligro
El riesgo más serio tiene que ver con las combinaciones. La pregabalina es un depresor del sistema nervioso central: combinada con otras sustancias que ralentizan el cerebro, sus efectos pueden sumarse y volverse peligrosos.
- Con opioides (morfina, tramadol, codeína, metadona, heroína): riesgo de somnolencia profunda, respiración lenta y pérdida de conocimiento. Las autoridades sanitarias han advertido contra esta combinación.
- Con alcohol: sedación y problemas de coordinación amplificados, accidentes, caídas.
- Con benzodiazepinas y otros sedantes: la misma lógica de suma de efectos.
- Con cannabis u otras drogas: somnolencia, confusión, conductas de riesgo.
Dejarla: no de golpe, no a solas
Tras un uso regular, el organismo se adapta. Una interrupción brusca puede provocar un síndrome de abstinencia: ansiedad, insomnio, náuseas, sudores, temblores, irritabilidad y, en algunos casos, convulsiones. Por eso, nunca cambies la dosis ni la dejes de golpe por tu cuenta sin consejo médico. Una reducción gradual, supervisada por el médico, ayuda a limitar los síntomas y a identificar lo que el medicamento calmaba.
Algunos principios para avanzar:
- Hablar con franqueza con tu médico de lo que tomas y de cómo lo tomas. No está para juzgarte: es información clínica.
- No ocultar otras sustancias: alcohol, cannabis, medicamentos sin receta. Cuentan en la evaluación de riesgos.
- Revisar el dolor o la ansiedad de partida: pueden existir otros enfoques, con o sin medicación.
- Prever un acompañamiento: seguimiento médico, apoyo psicológico, a veces la consulta con un especialista en adicciones que evalúe el conjunto de la situación.
- Darte tiempo: el cambio pasa por etapas, con retrocesos. Nuestras pautas sobre las etapas del cambio ayudan a entender por qué.
Cuando la pregabalina enmascaraba una ansiedad, una depresión o un trauma, es importante tratar esas dificultades en paralelo. Nuestro artículo sobre adicción y trastornos psiquiátricos explica por qué ambas suelen ir de la mano.
Para seguir leyendo
- Benzodiazepinas y somníferos: cuando el tratamiento se convierte en dependencia
- Tramadol y codeína: ¿puedes volverte dependiente con una receta?
- Los opioides: visión de conjunto
- Las adicciones con sustancia
Preguntas frecuentes sobre la pregabalina
¿La pregabalina crea dependencia incluso con receta?
Sí, existe un riesgo de dependencia, también con receta, sobre todo en personas con antecedentes de adicción o que toman el medicamento por sus efectos de relajación. Por eso las autoridades sanitarias han reforzado el control de su prescripción. El riesgo debe hablarse con el médico desde el principio.
¿Se puede dejar la pregabalina de golpe?
No, no se recomienda. Una interrupción brusca puede provocar ansiedad, insomnio, náuseas, sudores y, en algunos casos, convulsiones. La reducción debe ser gradual y decidirse con el médico.
¿Por qué es peligroso mezclarla con alcohol u opioides?
Porque todas estas sustancias ralentizan el sistema nervioso. Sus efectos se suman: somnolencia profunda, respiración lenta, pérdida de conocimiento. Las mezclas con opioides son las que más preocupan a las autoridades sanitarias.
¿Qué hacer si siento que la necesito más de lo previsto?
Habla con tu médico sin esperar, sin subir la dosis por tu cuenta ni buscar el medicamento en otro sitio. Podrá reevaluar el tratamiento, proponer otras opciones para el dolor o la ansiedad y organizar un acompañamiento si hace falta.
Si te preguntas si tu tratamiento ha ocupado demasiado espacio, o te preocupa alguien cercano, puedes pedir cita para hablarlo, sin juicios.


